De Aros y Medallas

Por: Beatriz Vázquez 2016-08-08

Sí… ¡Es humano!

Cuando me leas mucho se habrá ya publicado de Michael Phelps, mucho se habrá dicho de sus 19 oros, sus 23 medallas olímpicas, sus quintos Juegos, su regreso, sus caídas, su familia, hoy con Boomer, su bebé y Nicole, su prometida.

Se habrá analizado hasta el cansancio la prueba con la que el domingo cerró la jornada de natación en Río, que si él mejoró el lugar, que buena estrategia con Nathan en el cierre, que si esto, que si lo otro.

Así que, con todo eso, quizá sólo quede decir que si, Michael Phelps es humano. Terminada su prueba las redes sociales se llenaron de mensaje, uno en particular me llamó la atención, uno en el que se le calificaba de dios y del orgullo que tendríamos en un par de décadas de poder contar que lo vimos nadar y ganar.

¿Dios? consideraciones religiosas aparte, darle ese lugar o calificativo le restaría mérito a su carrera. Como dios tendría en su poder todas las facilidades propias de una deidad, las cualidades que le permitirían haber hecho lo que hizo, poder acomodar las cosas a su favor, asi que no, está muy alejado de serlo.

Niño hiperactivo, padres separados, menor de tres hijos, único varón, la vida lo tomó de la mano y gracias al interés de su madre, la mundialmente conocida Debbie, sus pasos se encaminaron hacia lo más productivo que pudo haber hecho: vivir.

Con 31 años de edad, con caídas en las que, después de haber disfrutado lo más alto que cualquier atleta pudiera haber conocido, ser el deportista más condecorado de la historia, ganar lo que nadie ha ganado, y nadie lo hará quien sabe en cuantos años, reunir a su alrededor a tal cantidad de patrocinadores, ganar todo el dinero que haya querido ganar, y más, este domingo en la noche no sólo nadó con sus tres compañeros el relevo, y lo ganó.

Phelps nadó su regreso más que a los Olímpicos, al camino que le permite disfrutar de todo lo que la vida le ha puesto enfrente y que estaba a punto de perder. Después de un terrible período de depresión en el que el hombre que se puede jactar de poder ser reconocido en prácticamente todo el mundo, simplemente no podía salir de su habitación, decidió levantarse de la peor derrota: su propia caída.

Phelps cambió aquel rostro de dominio, de poder, por uno de felicidad, de tal alegría, de tal sensibilidad que incluso tuvo el detalle de abrazar cariñosamente a Caeleb Dressel quien no dejaba de llorar de alegría, y quien nació cuando Michael ya estaba bajo la dirección de Bob Bowman en la alberca, sin imaginarse ninguno de los dos hasta donde llegarían… a pesar de todo. ¡Vaya momento para Dressel! Si, es humano, y serlo lo hace aún más grande, porque con todas sus imperfecciones, con todos los altibajos que ha tenido, lo bueno y malo que ha pasado, este domingo estuvo ahí, de carne y hueso, de triunfo y fracaso.

Mientras que del otro lado del mundo, otro hombre libra la carrera más difícil de toda su vida, una de la que ni sus ultra tecnológicas prótesis lo podrán hacer ganar si no quiere.

Contrastes… ambos triunfadores, ambos ganadores, reconocidos, figuras en sus deportes y hoy, en puntos tan opuestos… ambos tan humanos.

Beatriz Vázquez Periodista Televisa Ciudad de México, DF

 @bettyvabu2

Twitter: @bettyvabu2 Ver todas las emisiones