Una redonda no para

Por: Toño Quiroga 2016-01-11

Que digan que viví…

Hay una frase que siempre me ha gustado de la película de Troya que habla sobre la figura de Aquiles de la mitología griega, y que proviene de la Ilíada de parte de Odiseo y/o Ulises, otro personaje fundamental de la obra y dice:

“¡Que digan que caminé con gigantes! ¡Que digan que viví en el tiempo de Aquiles, el de los pies alados! ¡Que digan viví en la época de Héctor, domador de caballos!”.

A la época actual del futbol podemos cambiar los nombres de Héctor y de Aquiles a beneplácito y gusto de cualquiera, también dependiendo de la era en la que se haya vivido, o más bien, disfrutado tanto este deporte.

Aquiles, el de los pies ligeros y respetado por todo mundo, no se cansaba jamás de pelear, de demostrar ser el mejor guerrero y ser líder de un ejército, tenía a Grecia a sus pies, menos una zona, Troya, donde Héctor era príncipe y guía de su pueblo, cada quien con características diferentes, pero que gustaban.

Así, tenemos de un lado a Messi y del otro lado a Cristiano Ronaldo, respetados, vanagloriados, aplaudidos, recriminados y todo lo que ser futbolista de élite conlleva con esta profesión.

Con Messi no se pierde la capacidad de asombro, ya tiene 5 Balón de Oro en su carrera y apenas tiene 28 años. Luce cada fin de semana o cada vez que entra en un terreno de juego, siempre, siempre, tiene una genialidad para maravillar.

Ya sea en una definición, en un pase o simplemente para quitarse un rival, Messi recuerda que el futbol llega a ser una fascinación antes de una obligación, una diversión antes de un deporte.

Regates, goles, asistencias, todo lo que el argentino llega a hacer puede tener un toque de nuevo, el golazo ante Getafe al estilo Maradona, el alzarse con su pequeña estatura en Roma y vence al “gigante” Van der Saar en la Champions, el quitarse jugador a jugador del Bilbao y marcar, la torcedura de cadera a Boateng y definir ante Neuer, por decir, algunas de las muchas de imágenes que le hemos visto a Messi en el rectángulo verde, ese que muchos han olvidado que es para divertirse por momentos.

Sí señoras y señores, Lionel Messi aún no pierde su gusto por el futbol y de eso debemos estar contentos, vivimos en una época donde domina el balompié mundial y que la asignatura pendiente es ganar un Mundial de futbol, de ahí en más, podremos decir que le vimos hacer de todo, una y cuantas veces quiso, él que pidió ayuda para pagar tratamientos hormonales y lo rechazaron, él que en una servilleta inició su historia y él que ahora te puede saludar con una “Manita de Oro”.

Del otro lado, Cristiano Ronaldo, para muchos el antagónico de Messi, pero en cualquier historia siempre debe existir uno. Algunos lo veneran más que al argentino, otros le repudian, pero lo que es cierto es que conforme los años han pasado se ha vuelto una figura mundial en donde se presente y muestre su talento.

Indomable con los pies, de zancada larga y de velocidad insuperable por momentos, Cristiano ha demostrado que con el paso del tiempo la técnica se puede mejorar al grado de ser el mejor, el trabajo día a día te puede hacer llegar al podio y ser aplaudido.

Cristiano Ronaldo es el mejor ejemplo de que con la superación se llega al éxito de que el futbolista puede llegar a ser atleta y triunfar, un revolucionario. Sí, atleta, ese de músculos imponentes y que en festejos se quite su camiseta y muestra lo que con años ha conseguido, banal para algunos, idolatría para otros.

Disparos lejanos, bicicletas, disparos colocados, resorte en casa, salto para un cabezazo, definición exquisita, Cristiano también tiene lo suyo, una máquina de hacer goles, de silenciar un estadio rival, de dejar tendidos jugadores con regates.

Nadie olvida su golazo al ángulo ante Osasuna, la definición ante Valencia, el tiro libre ante el Arsenal con Manchester United o el taquito frente al Rayo Vallecano o las gambetas en la Premier League, el túnel a Busquets.

Sí, Cristiano es un atleta con talento insuperable, tres veces ganador del Balón de Oro y muchas más distinciones.

Ambos pasarán a la historia como los máximos anotadores del Real Madrid y Barcelona, quizá aumente más su cifra de tantos en Champions League y la hagan insuperable, quizá, sigan y sigan rompiendo récords y haciendo monstruosas marcas, quizá nos queden pocos años para verlos en plenitud.

Muchos podrían cambiar los nombres a su gusto, los que vieron a Pelé y Di Stefano, los que se deleitaron con Garrincha o Bobby Moore, Müller o Cruyff, Maradona o Platini, Zidane o Ronaldo, Ronaldinho o Pirlo, hay de mucha tela que cortar, hay miles y miles de jugadores que han pisado una cancha, cientos que son recordados, pero pocos los que pasan a la historia.

Y es que compararlos sería inútil, lo mejor es deleitarnos con ellos y poder decir:

“¡Que digan que caminé con gigantes! ¡Que digan que viví en el tiempo de Messi, el alquimista! ¡Que digan viví en la época de Cristiano Ronaldo, el revolucionario!”.

Antonio Quiroga Periodista Televisa Ciudad de México, DF

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