En la imaginaria

Por: Javier Sahagún 2015-12-17

Ódiame más, un concepto peligroso para ponerlo en la cancha

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Con el ánimo de no dejar un cabo suelto, me permito hacer unas precisiones a la columna que escribí la semana pasada.

Me referí al juego de ida de la Final como un caso resuelto. El título fue “La ventaja de Tigres es definitiva… casi” y me reservé el “casi” porque, a pesar del tres por cero favorable al cuadro del Volcán, había una posibilidad de que el amplio margen en la ida modificara anímicamente al grupo, pero también futbolísticamente al técnico, cosas, que a la postre, sí sucedieron.

A lo anterior hay que agregar que Pumas fue el equipo ambicioso que deseaba ver su afición. A pesar de que el primer tiempo en Ciudad Universitaria no fue muy claro para los locales, desde el segundo todo cambió y el partido adquirió un ritmo y un nivel emocional muy alto, pero sólo del lado auriazul. Los Tigres se quedaron en el mismo marasmo de la primera parte.

Sí, se juntaron los contrastes para dar como resultado un juego casi heroico del cuadro universitario porque el resultado al final fue de empate en el global. Se debió recurrir a los penales para definir al campeón. En rigor, Pumas sí volvió y eso valió el partido. Tigres tuvo una muy buena temporada, pero el partido de vuelta de la Final no convenció a nadie a pesar de ganar en el desempate desde el punto penal.

El “casi” se justificó sobradamente.

 

EL QUINTO PUESTO

Las circunstancias que se presentaron para que América jugara un partido de consolación en Japón, en el Mundial de Clubes, pasan por un aspecto no muy sondeado, pero que desde mi punto de vista ha influido de manera determinante en el equipo de Coapa.

Desde hace algún tiempo, el comportamiento de ese grupo me ha hecho la impresión de que se ha tomado demasiado en serio una frase que blasona la personalidad pública de su historia: “ódiame más”.

Esa fórmula ha tenido un efecto muy peculiar entre su afición, la ha identificado como un sector con una particularidad muy singular. Es una frase contundente, un sello. Vaya, le ha resultado positiva al aficionado para ahondar el orgullo que siente por sus colores. El problema se presenta cuando son los futbolistas quienes la trasladan a su actitud en la cancha y, además, muestran un escaso manejo de emociones.

Realmente creo que el equipo está contaminado por ese concepto y que, así como lo han expresado gestual y anímicamente en el campo, va a ser muy complicado que, como problema, se resuelva por sí solo.

Si el equipo no acude a la asesoría de un consultor en psicología del deporte (entre otras cosas), la inercia actual va a continuar por un buen tiempo.

Javier Sahagún Periodista Televisa Ciudad de México, DF

 @Javier_Sahagun

Twitter: @Javier_Sahagun Ver todas las emisiones