En la imaginaria

Por: Javier Sahagún 2015-10-16

Una dolorosa pasión antigua

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Han pasado varios años en los que el resultado y funcionamiento del “próximo partido serán definitivos en el futuro del Guadalajara”. Y seguramente esto también ha incluido varias decisiones directivas que han sorprendido a la afición del Rebaño Sagrado… y aún así, se mueve.

¿A qué acreditarle esta afanosa y precaria supervivencia en el ánimo de alguna parte de la afición cuando el camino ha estado tan poblado de abrojos? La solución al entuerto es tan compleja como todos los acontecimientos ocurridos desde el 8 de mayo de 1906, cuando se fundó esta pasión en un rectángulo verde.

Lo cierto es que la cadena de yerros que han sumergido al Guadalajara a esta condición de predescenso le ha exigido a la afición del equipo adoptar una estoica posición de resistencia. El actual aficionado del Guadalajara ya toma como naturales las chanzas de sus adversarios históricos; la burla es el modus operandi de los detractores y rivales. En realidad, tanto tiempo en esa condición, le ha restado un poco de nobleza a la estirpe rojiblanca. Luego está el hecho incuestionable de que el futbol da revanchas, pero cuando el compás de espera es tan dilatado el argumento sale sobrando.

Pero quiso el destino que cuando el equipo entraba en estado de agonía futbolera se registrara una nueva decisión arriesgada, pero (debo admitirlo) necesaria. José Manuel de la Torre fue cesado y en una nueva apuesta por un director técnico extranjero (como ya se van haciendo costumbre en nuestro país, y hasta en la selección nacional) el elegido fue el argentino Matías Almeyda. El resto de la historia es bien conocida, aunque aún dista mucho de representar un final feliz sobre el objetivo primario: evitar el descenso.

Desde mi primera infancia fui aficionado al futbol y, desde entonces, mi padre me infundió el amor por la camiseta del Guadalajara, es por eso que me resulta imposible ocultar mi preferencia por esos colores, hay razones de sangre, de la misma manera que me es imposible traicionar los principios de mi profesión, el periodismo. Critico cuando debo hacerlo y si el análisis implica señalar la incapacidad para manejar los destinos del equipo desde el ámbito directivo, o deportivo, simplemente lo hago.

Todo lo dicho anteriormente me sirve para establecer algo que podría llegar a su punto culminante el domingo cuando las Chivas enfrenten al Puebla; o es la confirmación de que el cuadro tapatío vivió un simple efecto revulsivo por el cambio de técnico, o el trabajo futbolístico y motivacional de Almeyda va a cambiar de manera definitiva la posición del Rebaño Sagrado en la Liga.

De cualquier manera, el hecho de que haya sido tan larga la angustia de la afición es algo que ni la historia, ni la tradición, ni siquiera la misma verborrea protagónica del propietario, corresponden con los merecimientos de este equipo. Todo club, tarde o temprano, puede ver un serio descenso en su nivel de juego y resultados durante una, o dos temporadas, pero lo ocurrido en el Guadalajara ya es cosa de una imprudencia e incapacidad que no debió permitirse llegar hasta este nivel.

Parece que el futuro está aún en manos de este plantel y de este cuerpo técnico, pero como ya lo implora la enorme afición de las Chivas Rayadas del Guadalajara: que alguien evite que Jorge Vergara vuelva a dar un bandazo exabrupto, porque, entonces sí, quién sabe si lo aguante el que es uno de los más grandes patrimonios del futbol mexicano.

Javier Sahagún Periodista Televisa Ciudad de México, DF

 @Javier_Sahagun

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