En la imaginaria

Por: Javier Sahagún 2015-09-18

Diferencia entre dioses y mercaderes

Una semana después de la pretendida última pelea en la carrera de Floyd Mayweather jr. habría que intentar establecer cuál es el lugar que va a ocupar en la historia del boxeo.

Posiblemente sea muy temprano para postularlo con justicia en uno de los escaños de privilegio en la galería de los más grandes de todos los tiempos, pero creo que sí es necesario establecer los elementos de juicio a considerar a la hora de darle un ranking universal.

Primero, desde hace un buen rato Floyd se autopostuló como el mejor de todos los tiempos; se dijo superior, específicamente, a Muhammad Alí y eso es algo en lo que es muy pertinente detenernos un momento.

Alí fue un hombre sumamente controversial en sus inicios; era un fanfarrón que pronosticaba el episodio en que iba a terminar sus peleas; en las conferencias de prensa no hablaba, gritaba, y en muchas ocasiones imprecaba a sus oponentes con filosas frases en verso. Lo de Alí provocaba, en el peor de los casos, sonrisas en quienes lo escuchaban, los demás lo admiraban. En la parte más gruesa de su carrera, el público asistía a sus peleas con el ánimo de verlo ganar y exhibir su grandeza.

Mayweather también fue polémico siempre; su discurso soberbio se granjeó la animosidad de muchos, pero todo parece haber sido producto de una campaña perfectamente bien estudiada de mercadotecnia. Ciertamente, el andamiaje del marketing que construyó su personaje fue sumamente exitoso, pero en realidad, su discurso era sumamente vacío: todo giraba en torno al dinero y a una actitud ostentosa hasta el agravio.

Por su parte, Alí fue un rebelde cuya prédica condenaba el maltrato hacia la comunidad negra en los Estados Unidos. Amigo personal de Malcolm X, se negó a prestar el servicio militar en Vietnam porque, decía, “no puedo ir a matar vietnamitas, ellos no me han hecho nada. Es aquí donde soy marginado”, y esa negativa le valió perder tres valiosos años de su carrera, justo cuando estaba en lo más alto.

En términos boxísticos, Alí cambió de una vez y para siempre el estilo de boxear en la máxima categoría del pugilato: por primera vez un hombre de su tonelaje caminaba el cuadrilátero sobre las puntas de las zapatillas, su técnica defensiva era magnífica y en general, la rapidez era su sello. A la ofensiva era demoledor, su trabajo era fino y contundente: era un depredador con su rival lastimado.

Floyd es excelente al caminar sobre el cuadrilátero, es casi imposible repetirle un golpe y se defiende como nadie en muchos años. Es muy rápido y gran contragolpeador. Su manera de interpretar el boxeo fue muy interesante durante mucho tiempo, pero sus últimos años cayeron en una monotonía exasperante.

En lo personal, creo que alguien en esa misma línea de boxeo, como Pernell Whitaker, alcanzó mayores niveles de virtuosismo que el de Las Vegas por sus mayores cualidades ofensivas, pero un posicionamiento mercadológico muy bien estructurado ha generado la impresión de que, efectivamente, Mayweather está al nivel de los mejores de la historia.

No, el famoso Money dista mucho de alcanzar la cima del boxeo; ha sido un grande en su tiempo, pero su atrevimiento de comparar su nivel al de los mejores, específicamente al de Alí, es un despropósito de magnitudes francamente groseras.

Alí fue una epopeya de carne y hueso, su vida misma lo fue. Floyd solamente es un multimillonario que tiene una colección con varios de los autos más lujosos y caros del mundo. La carrera de Alí fue una odisea maravillosa, la de Floyd, una carrera contra los récords en cada pago por evento.

No nos equivoquemos, la comparación no cabe. Hasta sus enfermedades los definen: Alí sufre de Párkinson, Floyd padece de una avidez malsana por el dinero; ambos padecimientos son producto de sus respectivas experiencias sobre los cuadriláteros.

Pero el tiempo, que todo lo pone en su lugar, se encargará de hacer una clara distinción entre dioses y mercaderes.

Javier Sahagún Periodista Televisa Ciudad de México, DF

 @Javier_Sahagun

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